• Dr. M. Gonzalez

Mi experiencia con la vacuna contra COVID-19: 1ra parte

Hace mas de 5 años trabajo para los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés). Trabajo para el Instituto de Cáncer (NCI) como investigadora postdoctoral. Otro de los Institutos, el de Alergía y Enfemedades Infecciosas (NIAID), fue el responsable de, junto a la compañía Moderna, desarrollar la vacuna contra COVID19.


Gran parte del trabajo realizado para el desarrollo de la vacuna tuvo lugar en el edificio 10, tambien llamado "El Centro Clínico". He visitado este edificio en un sinnúmero de ocasiones para reuniones, conferencias, entrenamientos y colaboraciones. También lo visité cuando participé de un ensayo clínico para un tratamiento contra el colesterol alto hereditario. Esta vez, un 22 de enero de 2021, recorría sus pasillos por una razón única: iba a recibir la vacuna contra COVID19.


Siempre me he sentido afortunada de trabajar en NIH. Es realmente uno de los mejores lugares para hacer ciencia. Con sus altas y bajas, lo que aprendes aquí es incalculable, personal y profesionalmente. Ese día caminaba por esos pasillos, esos pasillos que también caminaban todos los responsables del desarrollo de esta vacuna, desde Dr. Fauci hasta investigadores principales, empleados de mantenimiento y administración, todos aportaron para que este día fuese posible. Yo, con un nudo en la garganta, caminaba esos pasillos, pasando los puntos de cotejo y con mi mascarilla médica sobre la nariz y la boca.


NIH aseguró unas dosis para vacunar a sus empleados y lo hacen por fases modificadas. Hace unas semanas se vacunaron todas las personas con contacto directo con pacientes (el Edificio 10 es un hospital de investigación que atiende pacientes que están participando de uno de los cientos de ensayos clínicos que se desarrollan ahí). Me tocaba la fase 1B, que abarca empleados considerados críticos para la misión (mission critical). Bueno pues ahí estaba yo, lista para recibir mi vacuna.


La persona que me vacunó era colombiano, rápido que reconoció mi acento me dijo "Hola". Su compañera de cubículo de vacunación no hablaba español, así que cambiamos a "Spanglish". Luego de confirmar mi nombre y de ir sobre las advertencias sobre contraindicaciones, salió la aguja. Escogí el brazo izquierdo como siempre, me quité el coat, le di mi celular a la otra enfermera y cerré los ojos. Se me salieron varias lágrimas pero no de dolor. No lloré, solo pensé en los miles que han muerto y seguirán muriendo por este virus, pensé en mi familia y amigos, pensé en el futuro.


Me movieron a otra área para esperar 15 minutos de observación. Lo primero que vi fueron dos sillas de ruedas con tanques de oxigeno atrás y sillas a mas de 6 pies de distancia. Puse mi cronómetro y me di permiso a sentir y observar. Sentí un pequeño ardor en el área de la inyección, nada grave. Observé a todos los que llegaban al área, tranquilos como si no acabaran de ser parte de la historia. Como si no se dieran cuenta de lo significativo de este momento. La verdad es que el ambiente estaba liviano y era difícil saber que realmente pensaban. Una señora sugirió mover los brazos para evitar el dolor despues, todos nos unimos a su rutina de ejercicios. El cronometro sonó y luego de verificar con la persona encargada, limpié mi silla y me fuí.


Varias horas después me dio dolor en el brazo pero no fue hasta el día siguiente que se intensificó bastante. Era un dolor muscular, parecido al que te dá con inyecciones similares pero mas intenso. No tomé nada para el dolor, era soportable. Esa mañana hice Yoga y fue ahí cuando me dí cuenta que me sentía cansada. El dolor de brazo se fue el domingo, 30 horas después de vacuna. Ya estoy lista para la segunda dosis.


Vacunarse no es obligatorio en mi trabajo. Me vacuné por responsabilidad, por dar ejemplo a mi familia y por que negarse a vacunarse no cede mi vacuna a alguien que tenga mayor riesgo que yo. El sistema no funciona así pero, en definitiva, vacunarse sí protege a los demás.


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